Vacunas, cuidados antes y después

Actualizado: 9 de jun de 2020

Seguramente, de niño e incluso de adulto tuviste que vivir la experiencia que a muchos nos parece una pesadilla y es que nos da escalofríos de pensar en esa preparación psicológica que debemos hacer para poder sentarnos en esa silla y ver como poco a poco se va a cercando la aguja hasta tu hombro. Si tú o tus hijos no sufren en absoluto por la vacunación o sacada de sangre, ¡te felicito!, realmente eres mi ídolo. A pesar de que es una situación un poco traumática para algunos, en especial los niños, es algo que se debe hacer ya que son necesarias para mantener una excelente salud y estar prevenidos para cualquier enfermedad o resfrió.

Pero, ¿qué es una vacuna?


Es una preparación médica cuya función es generar en el organismo inmunidad frente a una enfermedad determinada, esto se obtiene debilitando el microorganismo que causa ese mal. Al ser aplicado en una persona, el cuerpo empieza a producir defensas que se encargaran de combatir la enfermedad. Esto estimula el cuerpo para que produzca anticuerpos qué actuaran, cuando sea necesario, protegiéndolo de futuras infecciones. Así, el sistema inmune estará en la capacidad de reconocer esa infección y tendrá las fuerzas para poder detenerlo y destruirlo.


Si llegaste a este blog es porque estás buscando información acerca de las vacunas de tu bebé, lo importante que son y los cuidados que debes tener después de ellas.


Antes de nacer, los pequeños adquieren mediante la placenta las defensas necesarias para poder protegerse cuando se vean enfrentados a posibles infecciones o enfermedades, en especial durante las primeras semanas de nacido; como todo, estas defensas duran muy poco y esa protección se va perdiendo. Sin embargo, esto varía dependiendo del tipo de organismo; enfermedades como la tos ferina, la inmunidad que se transmite por la madre, se mantiene apenas unas semanas, mientras que, en otros casos, como el sarampión pueden llegar a durar entre seis meses o un año.